¿Enloquecí o es el shock cultural?

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Y sí, querramos reconocerlo o no, el shock cultural afecta nuestro estado anímico. Ya te comenté sobre las diferencias con las que hay que lidiar al mudarnos de país y, por ende, de cultura. Ahora veamos qué le pasa a nuestro estado anímico durante el proceso.

 

¿Qué le pasa a mi humor durante el shock cultural?

 

Por más que te sorprenda, tanta diferencia constante inevitablemente empieza a erosionar el humor y el carácter… Es esperable que se experimenten momentos de mucha angustia o de haber perdido los referentes y tanto pacientes como casi todos mis entrevistados (de mi investigación en curso) han confesado que, al atravesar este período, han temido estar volviéndose locos. Así es que, a no preocuparse si uno se nota más irritable que de costumbre, más sensible, más… más todo!!!

 

¿Por qué estoy tan sensible?

 

Es importante destacar que, al vivir en un lugar nuevo, pequeñas acciones cotidianas se empiezan a tornar muuuuy complejas y de pronto parece que uno está escalando el Himalaya cuando tiene que pedir un café, hacer una compra o encontrar un producto de limpieza en el supermercado. Entonces, ahora todo toma el doble o el triple de tiempo y, a veces, incluso aún así no se logra el objetivo deseado. Digamos que la primera vez que intento comprar shampoo y llego a casa con una crema hidratante, me río; la segunda que intento comprar shampoo y traigo un tratamiento capilar, también; pero ya cuando traigo cera depilatoria… bueno, la frustración inevitablemente se apodera de mí. Algunos aconsejan ponerse metas pequeñas, cortas (sobretodo cuando uno se muda a una cultura con diferente idioma, alfabeto, etc.) pero la desesperación es un poco inevitable y tampoco nos sirve mucho pelear contra el sentimiento que tenemos.

 

“Me dicen que sea más positivo, pero no puedo.”

 

Es usual escuchar que la clave es tener una actitud positiva frente a lo que nos sucede para evitar esta problemática, pero me parece que es una apreciación algo naif. Si bien es cierto que si tengo una actitud curiosa y ávida de aprendizaje es muy distinto de si me instalo en la queja, el prejuicio y la crítica. También es cierto que, llegado un punto, la complicación que aparece en estas cuestiones básicas y sencillas suele terminar por agotar a cualquiera, más allá de su buena predisposición.

Es decir, es muy difícil a veces imponerse el buen humor. Por suerte en esta época tenemos un montón de herramientas para suavizar las transiciones: existe mucha información al respecto y hay foros donde se pueden intercambiar experiencias con otros que ya atravesaron por situaciones similares o incluso recibir apoyo especializado. Poder hablar del tema, sacarlo de adentro siempre es una ayuda para restarle dramatismo así es que si estás atravesando esta situación sería bueno hablar de esto con quien te resulte cómodo. Hay quién prefiere conversar frente a frente y quien prefiere por escrito, mientras se pueda exteriorizar lo que uno está viviendo, da lo mismo el canal. Todo esto puede ayudar a alivianar la angustia y facilitar el proceso.

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